Madden comenzó a vender sus diseños en el maletero de su coche en Nueva York en el año ochenta, creó un imperio del calzado que en la actualidad tiene 310 tiendas en 76 países.

Su leyenda arranca cuando su padre le puso a trabajar en el almacén de una zapatería con la intención de enderezar a un joven algo problemático. Desde ese instante, se obsesionó con los zapatos. Luego vendría un periodo de desenfreno y drogas en los ochenta, en Miami y Nueva York. Época de la que habla abiertamente sobre sus excesos y desenfrenos.

Madden no autocensura nada en el documental “Maddman: The Steve Madden Story” que narra la historia sobre su pasado y el despegue de la marca Maddman. Es una historia de lucha personal.

“En algún momento fue algo difícil hablar de mis errores e hizo falta que me convencieran. Es duro ser vulnerable”, indica.

Fue condenado a prisión acusado de blanquear dinero, tras recuperar la libertad, en 2005, cuadriplicó los ingresos de su compañía en solo un año; cambió al consejero delegado; se puso al frente del departamento de diseño; empezó la expansión internacional de sus zapatos y diversificó sus negocios, entrando incluso en la industria de la música (ha trabajado con artistas como Lady Gaga e Iggy Azalea).

Después de tocar fondo, reinventó y empezó su marca en un garaje. Su zapato Marylou, unas merceditas con tacón ancho cuadrado de inspiración grunge, y sus provocativas campañas le dieron el despegue y con ello una nueva oportunidad.